EL PAIS COLOMBIA / Gaceta, Domingo 07 de Enero de 2001
La portadA
El arte cultivado de Marta Villafañe 
Una escultora de Roldanillo recrea el arte rupestre en el Valle del Cauca, al dibujar gigantescas figuras de animales mediante el método de cultivar maíz en medio de sembrados de sorgo. Nazca aquí.

Por Alvaro Gärtner,
Editor de GACETA

Fotografía: Rodrigo Molina y especiales

La hilera al borde de la Panorama crecía. Diez, doce, quince vehículos con las puertas abiertas y sus conductores mirando el paisaje. El primero se detuvo por curiosidad y los restantes porque el primero se detuvo.
La causa de la inesperada aglomeración en una carretera que en cercanías de Roldanillo es poco transitada, se hallaba varios metros más abajo: sobre un campo de cultivo algunos campesinos desenrollaban una larguísima tira de plástico y al extenderla parecía como el boceto de un gallinazo, pero otros decían que una vaca.

La causante de la inesperada curiosidad era una mujer diminuta, delgada, con la piel tostada por el sol, que resguardaba sus ojos de los rayos solares con una vistosa visera amarilla, mientras revisaba continuamente un papel. La mujer se hallaba allí ensayando un nuevo cultivo, pero lo que no sabían los curiosos de arriba era que la cosecha sería visual y espiritual.

El cultivo consistía en mezclar maíz con sorgo, no para lograr un producto mejorado sino un contraste, el del verde de la caña de maíz sobre el terracota de la flor de sorgo. Ese contraste cromático haría visibles los dibujos de gallinazos y de vacas de tamaño gigantesco.

La diminuta mujer de la visera, llamada Marta Lucía Villafañe, no es agrónoma sino maestra de artes plásticas egresada de la Universidad de Antioquia y su obsesión ahora es recrear el arte rupestre del hombre primitivo, mediante dibujos sobre cultivos. Su proyecto mereció beca de creación individual del Ministerio de Cultura el año pasado.

La naturaleza del arte
Marta Lucía nació en Roldanillo en 1954, pero su carrera artística se ha desarrollado en Medellín, en donde algunas de sus obras adornan varios edificios. Luego de hacer varios murales sobre cemento, la artista comenzó a hacer esculturas `vivas`, esto es, con vegetales.

En 1999 hizo un experimento con césped y plantas llamadas guardaparque y cinta, con las que hizo cuerpos humanos tendidos, en una alegoría de la violencia que asuela el país. Fue notable el éxito que tuvo `El caído`, una figura de 10 metros de largo por 5,40 de ancho y 1,60 de alto, que dejó sobre una vía peatonal en la Universidad de Antioquia: "La gente que pasaba le sembraba maticas", cuenta. Otros `cadáveres vivientes` suyos adornaron otros lugares del principal centro educativo antioqueño.
Fue así como Marta Lucía se acercó un paso más a un tema que la fascina y sobre el cual ya había hecho un mural: el arte rupestre. Inspirada en el `land art` o `arte tierra`, que busca una nueva expresión a partir de la naturaleza y los paisajes exteriores, la artista de Roldanillo comenzó a proyectar su `Rupestre del Valle` para hacer esculturas vivas sobre cultivos.

"Por mi vinculación con los terrenos cultivados del Valle del Cauca, sé que son los más llamados a este tipo de realizaciones y no es necesario causar daño ecológico alguno, ni menoscaba la capacidad productiva", explica la escultora. El problema era encontrar un propietario de tierras que se aviniera a permitir experimentos en sus cultivos.

El obstáculo fue allanado por un antiguo compañerito de juegos de la niñez en Roldanillo y hoy dueño de la hacienda La Ondina, situada en la vereda Santa Rita. Conocedor de las inquietudes de su amiga, el hombre le permitió hacer el experimento, que "busca integrar arte y agricultura".

Entre septiembre de 1999 y febrero de 2000, ciclo de siembra y cosecha del sorgo y el maíz, la artista pudo llevar a cabo su idea. En tiempo de siembra demarcó con cinta plástica las líneas sobre las cuales plantó el maíz. Fue entonces cuando comenzaron a detenerse los vehículos al borde de la carretera.
De ahí en adelante aguardó la florescencia del sorgo para comprobar los resultados y concursar para una beca del Mincultura.
Una vez obtenida, trazó en agosto del año pasado diez figuras de 300 metros cada una, alegóricas de animales nativos del Valle del Cauca, en especial gallinazos, que son sus aves favoritas.
Para Marta Lucía, "es importante para un pueblo que tiene la actividad agrícola como medio de subsistencia, descubrir la posibilidad de usarla también como fuente de sustento estético y enriquecimiento espiritual". Además, según ha podido comprobar, "genera sentido de pertenencia en la comunidad de la región", que en principio se manifiesta como simple curiosidad.
Para la escultora misma la exploración con `arte tierra` implicó un cambio de actitud frente a la perdurabilidad de su trabajo. La escultura, por sí misma, tiene una connotación de perennidad, mientras sus trazos sobre cultivos se acercan más a lo efímero de las instalaciones. "Una contradicción de los críticos que promueven el arte efímero es que exigen hacerlo perdurable a través de la fotografía", dice Marta Lucía, quien también ha aprovechado esa contradicción.
A su juicio, la desaparición de los dibujos sobre terrenos cultivados se ve compensada con la recuperación de la relación con la tierra, pues para trabajar con ella "basta con adecuarse a los ciclos vitales de la naturaleza".
Lo mismo deberán hacer los viajeros que transiten por la Panorama a la altura de Roldanillo, si no quieren perderse una inmensa exposición para la que no cobran la entrada. G



La Hoja de Medellín/ Marzo de 2001  Peródico Mensual

Campo Santo

Por María Isabel Abad
Editora La Hoja de Medellín

Una egresada de Artes de la Universidad  de Antioquia
da en Roldanilo un mensaje con tinta de maíz y
de sorgo que cuenta como el campo va muriendo despacio.

Deslizados, como los trenes  en los que montaba antes Martha Villafañe, del Zarzal  Roldanillo, eran los trazos que se imaginaba sobre el valle que el riel cruzaba surcando caminos entre la caña, el maíz, el sorgo, el algodón, el ají, el pimentón, el tomate y el ganado. Martha nació en el norte del Valle sobre un paisaje que imprime carácter a sus habitantes; amplio, vasto y colorido; fragmentado en cultivos que se ven desde lo alto como el peinado de una negra de Tumaco.
          Las líneas que se imaginaba entonces eran dibujos de temas libres trazados sobre el suelo; sustento, recurso y afecto de todos los que viven en función del arado, el raleo y la plaga del picudo que en Roldanillo - cuentan - trastorna genios y agua las fiestas del pueblo.

          Después Martha se dió cuenta en su carrera de artista, que primero fué un impulso empírico y luego un compromiso académico en la facultad de Arte de la Universidad de Antioquia, que las ideas liberadas que se le ocurrían al borde del ferrocarril, de usar la tierra como lienzo, se adecuaban al Land Art, que desde los 60 se venía desarrollando.
          Y  algún móvil la condujo, en su sensibilidad de artista, a tratar el tema de la muerte a destiempo y cotidiana, en este país de  ciudades colapsadas y de campos moribundos.
          Y entonces hizo la síntesis en  un  acto artístico de 300 metros de extensión, donde trazó con una línea cultivada en maíz,  la figura de un gallinazo que sobresale en una explanada de sorgo. Y luego este gallinazo saluda con el pico a un gallinazo vecino hecho de igual manera, y éste a su vez hace una venia frente al siguiente y se repite y se repite, hasta armar entre dos canales, en el cultivo inmenso, un friso de buitres de maíz. Esta cenefa en el marco del norte del Valle del Cauca es un mensaje público, al aire y que se ve desde lejos, que en los campos (que hablan en nombre de todos los campos de Colombia) a pesar de ser  vivos, fértiles y coloridos a diario preludia la muerte.
          El proceso tardó seis meses, mientras prosperaban las cosechas, necesitó un equipo de trabajo y se financión con una beca de creación del Ministero de Cultura por el valor artístico y social de la empresa.
          Los gallinazos constituidos con plumas de mazorcas enlazaron la estricta agricultura con el desenfado del arte, el verde tostado del maíz, con el rojo colorado del sorgo e involucró todos los perfiles  y lenguajes del pueblo de Roldanillo, como zona de influencia inmediata  y también a esos que verán el proyecto expuesto en Mayo en la Universidad de Antioquia y en el museo Rayo en julio de este año, con una sustentación en breve que hizo la artista del proyecto, que no es canto patriotero porque es real, sentido y maduro: Como esperanza última/ o como labor final/ como señal acuadora/ piadosos gallinazos llegan/ a limpiar diligentemente/ los campos agobiados de la patria/.
Marta Villafañe traza enormes figuras en los campos de sorgo y las siembra con maíz, para aprovechar artísticamente la agricultura..
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Grandes dibujos sobre campos cultivados de sorgo
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